Creando Pánico

Es notorio el continuo énfasis que en forma insistente hacen los grandes organismos e importantes personalidades de la política internacional, respecto al tema del recalentamiento global y tantos otros problemas climáticos colaterales. Algo que es sumamente cierto, pero que a la vez sorprende por el tenor de las demandas que ellos generan. ¿Que hay detrás de tales demandas? ¿A que intereses responden estas “inocentes” organizaciones?

Vemos como las demandas apuntan a la unificación de normas globales, pedidos de fondos para investigaciones y otras tantas cuestiones que tienden a promover, una vez más, este gobierno mundial. 

“Se requiere un Nuevo Orden Mundial para manejar la crisis del cambio climático” (Gordon Brown ex Primer Ministro Británico)  

También este tema aparece constantemente en la agenda diaria de los medios de comunicación, las ONG’s muy bien promocionadas como Greenpeace (de currículum prácticamente intachable), y otras fundaciones defensoras de ballenas, tiburones y pingüinos. Todas éstas sin fines de lucro, que tienen naves, aviones, tecnología y manejan presupuestos que llaman poderosamente la atención. Y cuando se les cuestiona la procedencia del dinero, aducen alegremente que proviene de donaciones voluntarias. Tales organizaciones cuentan con el envidiable aval internacional, o mejor dicho de organismos supranacionales. Y sus estudios y conclusiones tratan de convencernos, de manera irrefutable, respecto a la imperiosa necesidad de la unificación mundial tanto en la legislación como en la regulación. Como usted podrá observar, todos los caminos conducen a Roma.

Al parecer tanto la ciencia como la religión, la política, la económica y la climatología, son todos ámbitos que demandan un Nuevo Orden Mundial. El cual excede la simple colaboración entre naciones, mas persigue la unificación de todas las problemáticas mundiales para afrontarlas a través de una sola administración. Veamos pues algunas frases tristemente célebres, que tienen que ver con los problemas climáticos en el planeta.

“No importa lo que es verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad” (Paul Watson, cofundador de Greenpeace).

Resulta conmovedora esta declaración y es tan vehemente, que provoca ganas de entregarse ciegamente en las manos de gente tan benévola como esta; que desestima la verdad, y descaradamente promete mentir y engañar todo el tiempo, para convencer a cualquier precio a fin de lograr que todos crean su mentira.

Igualmente descabelladas suenan las escandalosas declaraciones del titular de la Fundación de Naciones Unidad (UN Foundation):  “Tenemos que conducir este asunto del calentamiento global. Aún si la teoría del calentamiento global está equivocada, estaremos haciendo lo correcto en términos de política económica y ambiental” (Timothy Wirth, ex Subsecretario de Estado de EE.UU., presidente de la UN Foundation).

Nada de lo que afirman les suena mal, pues, como pregonan abiertamente, sus fines son más importantes que la verdad y que la vida misma de los que no están de acuerdo con ellos. Cuyo principio es terminante: no son importantes los medios empleados, con tal de alcanzar el fin deseado. En concordancia con el refrán popular: “el fin justifica los medios”. Analice usted estimado lector, esta otra perla que se transcribe a continuación. La cual reconoce descaradamente, que van a usar el latiguillo de la cooperación ambiental global para lograr otros objetivos inconfesables ajenos al tema. Aunque es sabido que no les queda rostro para avergonzarse al decirlo, dado que sus pronunciamientos son el arma válida utilizada para destruir el sagrado principio de la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos:

“El concepto de soberanía nacional ha sido inmutable. Por cierto, un principio sagrado de las relaciones internacionales. Es un principio que cederá sólo lentamente y con renuencia a los nuevos imperativos de la cooperación ambiental global”. (Comisión de las Naciones Unidas para el Gobierno Global, año 1999).

En consonancia con la anterior declaración, considérese la desfachatez de un notable profesor universitario que sostiene (¿científicamente?) como válido utilizar el temor como argumento para amedrentar a la sociedad, a fin de llevarla hacia la dirección que a ellos se les antoje. Esto es ni más ni menos, considerar estúpida a la gente:

“La única manera de conseguir que la sociedad cambie de verdad, es asustar a la gente con la posibilidad de una catástrofe” (Daniel Botkin, presidente del CSE (Center For The Study Of The Environment, EE. UU.) 

Lo triste del caso, es que manifiestan sus posiciones en lugares donde el común de la gente no tiene acceso y por consiguiente jamás se entera de sus dichos desatinados. Esta es la mentalidad de aquellos que forman parte del espectro de científicos, a quienes debemos creer todo lo que nos digan como encumbradas personalidades expertas en la ciencia de embaucar al mundo. Ellos cuentan con el respaldo de los medios para informar todo lo que nosotros debemos digerir, contaminando con engaño nuestras mentes y nuestro ánimo. Necesitamos un amplio apoyo para estimular la fantasía del público… Para ello debemos ofrecer escenarios horroríficos, realizar declaraciones dramáticas y simples, y no permitir demasiadas dudas… Cada uno de nosotros debe decidir dónde está el balance entre efectividad y honestidad”, decía desde Stanford, Stephen Schneider, profesor de climatología y autor de muchos informes del Intergovernmental Panel of Climate Change (IPCC).

A este buen señor, como a gran parte de la nueva generación de políticos que nos representan, les interesa más la efectividad de sus métodos para lograr sus objetivos, que la propia verdad. En vez de apelar a la honestidad, la verdad o a la ética, como conviene, todos estos sabiondos obedecen a la mentira, el engaño o el eufemismo para acomodarse a la “conveniencia política”. Se trata de un nuevo estigma, para poder aprobar lo que está mal por el mero hecho de parecerles bueno desde el punto de vista político. Sus propuestas provienen de sus convicciones relativistas y acomodaticias, que están manchadas de absoluta nulidad porque proceden de las más profundas oscuridades de la razón y la codicia del hombre. Aunque el hombre niegue que la razón deba ser alumbrada por Dios, como lo reconoce el preámbulo de la Constitución argentina que lo invoca como fuente de toda razón y justicia. Entonces ya no prevalecen, la razón, ni la verdad, ni la justicia, sino “la conveniencia circunstancial”.

¿Por qué causa el mundo contempla tanta maldad sin inmutarse ni reaccionar? Es que hoy en día a nadie le interesa más “la razón”. Vivimos en otro tiempo, la era de la post modernidad, en donde no importan “las razones”. Como diría Antonio Cruz en su libro “Postmodernismo”: “La postmodernidad sabe demasiado de las miserias de la razón como para seguir confiando en ella”. ¿La postmodernidad habrá logrado anestesiar la conciencia? ¿Habrá cegado el entendimiento de los pueblos? Según La Biblia sí, pues está profetizado que estas cosas sucederán delante de nosotros y lamentablemente pocos lo advertirán. ¿Habrá alguien que al meditar en estas cosas busque a Dios? Seguramente sí. Bueno, para ellos están dedicadas estas páginas. Aunque aclaro que no se trata de volver al dominio de la religión, mal que en aquel tiempo (el de la Revolución Francesa) fue erradicado con justicia. Sino una búsqueda personal y sincera al Dios del cielo.

Para concluir con este relevamiento de declaraciones, transcribimos una sentencia fulminante del Consejo de Relaciones Exteriores. Se trata, como ya hemos visto, de un organismo mundialista (privado) que no pertenece al gobierno de los EE.UU., pero que provee gente de sus propias filas para ocupar prominentes cargos como funcionarios y también “presidentes” para la administración de la gran potencia del norte. Tal como adelantáramos, este concilio o consejo tiene organizaciones hermanas diseminadas en muchos países del mundo que operan con idénticos propósitos. El CFR (por sus siglas en inglés), ha pronosticado la desaparición de la  soberanía de todos los países, incluyendo los EE.UU. según la siguiente declaración: “El orden internacional actual resultará irreconocible en 2025 gracias a la globalización, el ascenso de los poderes emergentes y una transferencia histórica de la riqueza relativa de Occidente hacia Oriente” (Informe del Council on Foreign Relations, diciembre de 2008).

Observe bien el lector, que aquí no se refiere al ascenso de países emergentes sino, por el contrario, de “poderes” emergentes. Recordemos que los poderes emergentes nunca han velado por los pobres; aspiran a erradicar la pobreza eliminando a los necesitados y sólo se han ocupado por concentrar el capital, que es la propia fuente de su poder. Tiempo atrás los antecesores de estos globalistas, quienes diagramaron la embestida mundial, escribieron hace más de cien años: “La violencia debe ser un principio, el engaño y la hipocresía una regla para los gobiernos que no quieran entregar su corona a los pies de los agentes de un nuevo poder. Este mal, es el único medio de conseguir su objeto que es el bien. No nos detengamos, si es necesario, ante la corrupción, compra de conciencias, la impostura y la traición, pues con ella servimos a nuestra causa”. El párrafo anterior, fue extraído de los mal llamados Protocolos Secretos de los Sabios de Sion. Y digo “mal llamados”, ya que dada la falsedad de estos escritos resulta impropio dar crédito a esta infamia de adjudicar la autoría de estos protocolos al pueblo judío”

Tomado del Libro “Gobierno Mundial y Fin del Mundo”

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